El misterio es la frontera entre la certeza y la duda

El misterio no es el ruido extraño ni la sombra, es no saber qué es.

Esa pequeña inquietud que aparece cuando algo parece estar bien, pero a la vez sentimos que no es así.
Pareciera que el cuerpo lo percibe antes que la mente: un detalle leve, minúsculo, que no alcanza para confirmar nada, pero tampoco permite descartarlo.

El misterio vive ahí: en la frontera entre la certeza y la duda. No es la piel de gallina que nos anticipa algo, ni la explicación de lo que fue. Es ese punto justo en que dudamos, vacilamos.

Ese punto exacto donde la realidad tiembla

Una puerta entreabierta.
Un eco que no coincide.
Una habitación más fría de lo que debería.
Una luz que titila sin razón.

Nada sobrenatural, nada evidente.
Solo una percepción que altera la normalidad.

Si algo vibra en ese borde, si solo surge una pequeña pista, la historia empieza a respirar.

Mirá de nuevo: no es terror

El terror amenaza, nos empuja a correr.
El misterio exige mirar dos veces.

Por eso es tan potente a la hora de escribir: no obliga, no condiciona, no explica.
Solo abre un espacio de inestabilidad. Deja que la mente se deje llevar por las sensaciones del cuerpo.

Ahí aparece el texto, porque la escritura también nace de lo que no entendemos del todo.

Ahora te invito a escribir

Un disparador mínimo: tres líneas para empezar

Para trabajar este punto —ese temblor entre lo real y lo posible— preparé un recurso breve: Juegos nocturnos.

No es un método ni un curso. Es un juego narrativo en tres movimientos:

  • una percepción,
  • un escenario,
  • y una irrupción mínima.

Elegís tres números de tu vida cotidiana y combinás las líneas correspondientes.
Lo que surge es una escena incompleta, sugerida, que pide ser escrita.

Si te despierta una imagen, una duda o una frase, ya funcionó.

Descargar el recurso

Podés descargar Juegos nocturnos desde aquí. No hace falta registrarte; es un pequeño obsequio para abrir la puerta a tus propias historias.

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Cierro con esto

El misterio no es un monstruo ni una sombra. Es un segundo en el que la realidad pierde equilibrio. Pero deberás experimentarlo con la piel y el estómago para saber qué se siente. Ese instante, y no otro, es donde aparece la literatura.

Mónica C. Cena