¿De qué hablamos cuando hablamos de terror?

“El problema no es que te sientas solo en medio de una multitud, sino que te sientas en medio de una multitud estando solo.”

Mónica C. Cena

En medio de tantas presiones y exigencias, a veces se hace necesario detenernos y reflexionar sobre eso que nos altera. Y no es raro descubrir que vamos fabricando miedos que, si no los reconocemos, terminan dominando nuestras vidas. Esos “mieditos”, sentimientos de los que pocos hablan y muchos sufren, son materia prima de las industrias culturales que aprendieron a convertir la presencia acosadora del miedo en entretenimiento.
Cuando era chica, la foto de Boris Karloff como Frankenstein me daba terror; no me dejaba dormir. Años después, esa misma imagen se transformó en la de un ser entrañable, casi tierno: un incomprendido antes que un monstruo. El mismo objeto, distintas miradas, edades diferentes.

Eso nos muestra que no todos nos sensibilizamos por igual, pero sí sole-mos reconocernos en quienes se estremecen ante los mismos temores. En esa comunidad emocional que el miedo genera —ya sea por identificación o por con-traste— reside parte del poder del terror como experiencia estética.


Desde un punto de vista psicológico, el miedo es una emoción primaria asociada a la supervivencia; pero en la literatura se convierte en un recurso narrativo y simbólico que nos permite jugar con aquello que nos excede. El lector de terror busca sentir miedo sabiendo que no corre peligro. Allí radica su valor: en la posibilidad de simular lo insoportable dentro de los límites seguros de la ficción.

Una obra de terror se sostiene en un delicado equilibrio entre lo visible y lo sugerido. No se trata solo de qué se cuenta, sino de cómo se cuenta: el efecto de miedo surge de la administración del lenguaje, del ritmo y del silencio, a lo que llamamos “tensión narrativa”. Más concretamente, la tensión narrativa es la técnica que crea suspenso e interés en una historia para mantener al lector o espectador enganchado, generando curiosidad sobre lo que sucederá después. En otras palabras, es el recurso del autor para mantenernos firmes leyendo cada palabra, aunque tengamos ganas de cerrar el libro.

Entonces surge la gran pregunta: ¿Cómo lograrlo?

Con técnica narrativa, mucha lectura previa y una montaña de papeles descartados.

Pero hay y secretito que te lo voy a contar en la próxima entrada. Mientras tanto, en la Bibliteca de noctámbulos, te dejo un PDF para que puedas descargar.