A veces decimos BASTA

Empecé a escribir desde muy joven,
pero tuve que esperar a que el trabajo me diera tiempo
para pensar en publicar.
Aprovechaba cada segundo libre,
o me quedaba de noche, cuando mis hijos dormían,
para volcar en un papel todas mis pasiones.
Era mi forma de habitar el mundo.
Mi mundo.
Hace poco alguien me dijo:
“Qué suerte que tenés de poder esconderte en la computadora”.
Y no me escondo.
Es el único momento en el que siento que respiro de verdad.
Escribir, a esta altura, no es una ambición:
es una necesidad física y espiritual.
Y también es un esfuerzo enorme.
El cuerpo se cansa,
la cabeza a veces se apaga,
la energía no es la de antes.
Pero la mirada —y la pasión— son las de siempre.
Tal vez más aferradas a la vida.
Hace poco vi una cantidad enorme de libros apilados,
de muchos autores,
muy buenos todos,
que esperaban ser leídos.
Escritores que ya no están
o que no pueden seguir escribiendo por problemas de salud.
Y entonces lo entendí: el tiempo pasa para todos.
Hay que aprovecharlo.
Sé perfectamente que no soy una chica del siglo XXI:
soy una escritora del tercer milenio
con estructura del siglo XX.
Me adaptaré a las herramientas nuevas, sí.
Pero no me voy a despersonalizar.
No voy a escribir para un algoritmo.
No voy a convertir mi obra en contenido descartable.
No voy a aceptar que el valor de lo que hago
se mida en clics.
Una voz atrevida se me metía en la cabeza y me decía:
“Si no vendés es porque no sabés usar las redes”.
No.
No escribo para vender.
Escribo porque me hace sentir viva,
porque puedo,
porque quiero,
porque me gusta.
Estoy terminando mi novela.
¿Qué destino tendrá?
No lo sé.
Tal vez se venda mucho,
tal vez la regale,
tal vez quede en mi biblioteca.
Pero sé algo:
me hará feliz verla existir
fuera de mi cabeza,
fuera de la computadora.
Escribí esta entrada para mí.
Y también para esa persona —que quizás todavía no conozca—
que pase por acá y vea que mi realidad también es la suya.
No soy la única que se siente defraudada
por un sistema editorial cada vez más cerca del marketing
y más lejos del arte.
Pero es la parte de la historia que nos toca vivir.
¿Vos qué pensás?